Ansiedad social: síntomas y cómo empezar a salir de ella

Antes de una reunión ya tienes el estómago cerrado. Ensayas lo que vas a decir, y aun así, cuando llega tu turno, la voz te sale rara y notas la cara ardiendo. Luego, en casa, repasas la escena una y otra vez buscando en qué fallaste.

Si esto te pasa a menudo, no eres raro ni débil. La ansiedad social es de los problemas de ansiedad más comunes, y también de los que más se callan, precisamente porque da vergüenza hablar de la vergüenza.

Timidez o ansiedad social

La timidez es un rasgo: tardas en soltarte, prefieres escuchar, pero al rato te sientes cómodo. La ansiedad social va más allá. El miedo a ser juzgado es tan fuerte que empieza a decidir por ti: qué planes aceptas, qué trabajos buscas, si levantas la mano o no.

Una pista útil: la persona tímida se pone nerviosa en la situación. La persona con ansiedad social sufre días antes, durante y horas después.

Síntomas más frecuentes

Se notan en el cuerpo, en la cabeza y en lo que haces.

Test rápido para orientarte

Piensa en los últimos seis meses y cuenta cuántas de estas frases te describen:

  1. Me da mucho miedo hacer el ridículo delante de otros
  2. Evito hablar en reuniones o clases aunque tenga algo que decir
  3. Me cuesta comer o beber si siento que me miran
  4. Hacer una llamada a alguien que no conozco me agobia
  5. Me preocupa durante días un evento social que se acerca
  6. Después de hablar con gente, repaso lo que dije buscando errores
  7. He dejado pasar oportunidades (trabajo, estudios, pareja) por este miedo
  8. Uso el alcohol para poder estar más suelto en reuniones

Si marcas 4 o más y te pasa casi siempre, es probable que la ansiedad social te esté limitando bastante. No es un diagnóstico, solo una forma de ver la dirección. Lo importante es fijarte en qué frase te ha dolido más leer.

Por qué aparece

Y hay algo que la mantiene: evitar. Cada vez que te libras de una situación sientes alivio, y ese alivio le confirma al cerebro que era peligrosa. Por eso el miedo crece aunque no pase nada malo.

Pasos pequeños que sí ayudan

  1. Haz una escalera. Apunta diez situaciones que te dan miedo, de la más fácil a la más difícil. Empieza por la primera y repítela hasta que baje la ansiedad, aunque sea un poco. Por ejemplo: preguntar la hora, pedir en una cafetería, hacer una pregunta en clase.
  2. Pon la atención fuera de ti. En la conversación, céntrate en lo que dice la otra persona en vez de en cómo suenas tú. El nerviosismo se nota menos de lo que crees.
  3. Suelta los "trucos de seguridad". Ensayar frases, no mirar a los ojos o llevar siempre el móvil en la mano te calman un momento, pero te impiden comprobar que podías sin ellos.
  4. Respira largo antes de entrar. Soltar el aire despacio, el doble de tiempo que al cogerlo, baja el corazón en un minuto o dos.
  5. Corta el repaso posterior. Cuando empieces a revivir la conversación, apunta una cosa que salió bien y cambia de actividad. Darle vueltas no prepara la siguiente, solo la hace más pesada.

Lo que suele empeorarlo

Cuándo pedir ayuda

Vale la pena consultar si el miedo te hace dejar estudios o trabajos, si casi no ves a nadie fuera de casa, si dependes del alcohol para socializar o si vienen a la vez tristeza profunda o pensamientos de hacerte daño. La terapia cognitivo-conductual tiene muy buenos resultados con la ansiedad social, y puedes empezar hablando con tu médico de cabecera.

Cuando hablar en voz alta todavía cuesta

Si contarlo cara a cara te parece imposible ahora mismo, escribirlo sin tu nombre puede ser un primer escalón. Ponerlo en palabras, aunque nadie sepa quién eres, ya es practicar lo que da miedo.


Si hay algo que vienes cargando en silencio, escribirlo sin poner tu nombre es una forma de soltarlo.

Confesso — escribe en anonimato y siéntete acompañado

Si el malestar no se va, por favor no lo cargues en soledad.
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